Diversiones en el Virreinato
Pocos años después de la conquista se fundó la capital de la Nueva España sobre las ruinas de la gran Tenochtitlán para que pudieran vivir ahí los españoles pero muy pronto no sólo la habitaron peninsulares e indígenas sino que llegaron esclavos africanos y asiáticos. La vida en comunidad comenzó desde entonces y con ella la necesidad de tener diversiones y distracciones.
Para que esta población de la nueva ciudad tan distinta entre sí pudiera convivir y tener algo en común, comenzaron a organizarse fiestas religiosas y civiles que servirían para enseñar el cristianismo a todos los habitantes, mantener la obediencia al rey de España y para tener a la gente divertida con el fin de evitar rebeliones y caos. Por eso a pesar de ser muy costosas, las autoridades las pagaban.
Los reyes eran los representantes de Dios en la tierra y el virrey el representante de ellos en los territorios americanos, por eso cada vez que llegaba un virrey nuevo se festejaba en grande. Los festejos iniciaban desde el desembarco del nuevo virrey en Veracruz y terminaban cuando se instalaba en el palacio de gobierno. Se ponían arcos triunfales hechos de flores y papel, inscripciones y figuras alegóricas pintadas que aludían a las virtudes del gobernante y su familia.
Otra de las diversiones más populares era la corrida de toros, mucho más sangrienta y violenta de lo que es hoy en día. Se realizaban en un ruedo desmontable y el espectáculo iniciaba con la presentación de los caballeros, que portaban capa negra, daga, espada y sombreros multicolores.
Otras diversiones eran los desfiles de máscaras, fuegos artificiales, el teatro y las funciones de marionetas, peleas de gallos, juegos de cartas; cuando eran paseos al aire libre la gente iba a Chapultepec o la Alameda.
Durante el virreinato, como hasta nuestros días, las fiestas y entretenimientos eran una parte muy importante de la vida en comunidad, pues se rompía con la rutina y se diferenciaba entre el tiempo de trabajo y el de descanso.
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